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¡Al fin! Hoy me dieron de alta, y podré regresar a mi casa… pero no por mucho, tengo pensado irme a Nashville, donde mis abuelos —paternos—… Me hará bien conectarme con la naturaleza, eso me despejará la mente… Porque reconoceré que mientras estuve en el centro psiquiátrico… pensaba en Joe, en como estará… con quién estará… Y cosas que me ponen mal… porque no estoy junto a él… estoy a miles de kilómetros lejos de él. Pero yo no conté todo el tiempo que estuve en el centro psiquiátrico… estuve… Exactamente un año… Así que doy por seguro que este año retomo mis estudios… pero aún no terminan las clases y se acerca el verano, así que estoy relajada.
Estoy en el aeropuerto, despidiéndome de mis adorados padres.
— Hija… ¿estás segura de que deseas ir a Nashville a la casa de tus abuelos? —Preguntaba mi padre algo inseguro.
— Sí papá… además hace tiempo que no los veo, desde el verano pasado —Sonreí.
— Está bien… recuerda que te quiero mi princesita —Besó mi frente mi padre.
— Yo también te amo hijita —Besó mi frente mi madre, y me bendijo, para luego yo abordar el avión y despedirme antes de entrar en él.
Aún no puedo creer que haya pasado un año… desde que todo comenzó en Los Ángeles… aún no puedo creerlo. No he querido ver programas de farándula en la televisión… no he querido saber nada que tenga que ver con Joe, ni Nick, ni Kevin. Porque exactamente por pensar tanto en ellos… y por estar al tanto de lo que hacía Joe, estuve al borde de la locura. Y peor aún… perdí a nuestro hijo por eso.
Me quedé dormida en medio de mis cavilaciones, fui despertada por una azafata. Bajé del avión, y resumámoslo todo hasta que llegué dónde mis abuelos, y aquí estoy. Cómo extrañaba su casa… el aire de naturaleza, de libertad. {http://bit.ly/5U2ax la casa}. Me encaminé a la puerta, y toqué, a los segundos se encontraba mi dulce abuela en la puerta, le sonreí y ella a mí.
— ¡Catherine, hija! —Me saludó contenta dejándome pasar y luego dándome un cálido abrazo.
— Abuela —Le sonreí abrazándola fuerte.
— Te extrañamos mucho, no sabes cuánto deseamos que fuera verano para verte de nuevo —Rió dulcemente, mientras pasábamos hacia la cocina, y allí se encontraba mi abuelo, el que me recibió con otro fuerte abrazo.
Ya estoy desde hace alrededor de una semana aquí, en Nashville, me la paso genial con mis abuelos. Salimos a andar en caballo, aunque, principalmente les ayudo, no lo sé, a ordeñar vacas, a veces, ya que tienen a gente que les ayuda, pero para mí es divertido hacer eso.
Hoy saldría con mi abuelo a recorrer mejor los establos, ya que no habíamos tenido oportunidad.
— ¿Estás lista? —Preguntó tocando la puerta.
— Sí abuelo —Salí de mi habitación y le sonreí. Nos dirigimos hacia el campo, que estaba un poco más lejos de la casa, alrededor de diez minutos en una pequeña camioneta que mis abuelos tienen.
— Este caballo llegó ayer, por la noche —Me dijo indicando a un caballo blanco hermoso… realmente hermoso.
— Wow… que lindo… ¿Puedo montarlo? —Le pregunté deslumbrada.
— Eh… bueno, en lo que va del día… no se ha dejado domar por nadie… no lo sé Cathy, te puedes hacer daño y
— Por favor —Lo interrumpí colocando mi mejor carita de perro mojado.
— Bien… pero ten cuidado —Sonreí— Vamos —Fue a hablar con algunos de sus trabajadores. Y me encaminó al prado. Ya allí, trajeron al caballo.
Al sol se veía hermoso… su blanco resaltaba entre todo el verde. Lo miré fijamente algunos segundos, luego me acerqué. Al tratar de acercar mi mano a él, se movió bruscamente.
— ¡Con cuidado Catherine! —Exclamó mi abuelo, le sonreí. Volví a acercar mi mano al caballo, esta vez se dejó acariciar.
— Eres hermoso —Le susurré, y eso pareció agradarle, junto con mis caricias.
En unos minutos, me atreví a montarlo. Me subí a él sin dificultad. Y ya encima del caballo, lo volví a acariciar. Tomé las riendas y comenzó a galopar despacio, yo sonreía.
Me pasé toda la tarde junto al caballo, y estábamos observando el atardecer, cuando de la nada, llegó mi abuelo junto a mí.
— ¿Sabías que tu padre tiene su propio caballo? Está aquí. Tus tíos también tienen los suyos, sólo que se los llevaron —Rió. Yo no comprendía el motivo de su comentario…— Creo que es la hora de que tú también tengas tu propio caballo —Sonrió.
— ¿En serio? —Sonreí emocionada.
— Claro. Incluso, si quieres éste, es tuyo —Sonrió otra vez, y trató de acariciar al caballo, pero él no se dejó. Yo reí.
— Claro que lo quiero —Sonreí más ampliamente y volví a acariciar al caballo.
— Entonces, ¿cómo se llamará? —Miré directo a los ojos a, ahora, mí caballo… Sus ojos eran cafés… un color hermoso… Me hizo acordar a los ojos de Joe…
— Joseph.
— ¿Joseph? No es como un nombre de caballo…
— Lo sé, pero quiero que se llame así. Joseph —Sonreí, y el caballo relinchó feliz. Mi abuelo sólo me sonrió.
Y desde entonces, me paso cada tarde con Joseph. Algunas veces prefiero ir a dormir junto a su establo… por alguna razón me hace demasiado bien estar con él.
Siento paz junto a Joseph, mi amado caballo blanco…
THE END.
M I S F O T O L O G S -
junio 29, 2009
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